Core y satélites es uno de esos conceptos que muchos repiten, pocos entienden y casi nadie aplica bien. La mayoría de las carteras no falla por elegir un mal activo puntual. Falla porque todo pesa lo mismo. Una acción, un ETF, una “oportunidad”, una idea que escuchaste ayer. Todo entra al mismo nivel. Todo compite
Invertir no empieza eligiendo una acción, un ETF o una oportunidad puntual. Empieza mucho antes. Empieza decidiendo cómo vas a tomar decisiones. El problema es que la mayoría de los inversores no se hace esa pregunta. Compra activos sueltos, suma ideas, acumula posiciones y recién después intenta darle forma a algo que ya está armado.
Armar una cartera de inversión no es elegir acciones, ETFs o “buenas oportunidades”. Es decidir cómo vas a convivir con el riesgo durante años sin romper tu propia estrategia. El problema es que la mayoría empieza por el final. Primero elige activos, después intenta ordenarlos y, recién cuando algo sale mal, se pregunta si la
Invertir no es solo elegir qué comprar. Es, sobre todo, decidir qué tan incómodo estás dispuesto a sentirte sin cometer errores. El problema es que la mayoría de las personas cree conocer su perfil de riesgo, sin haberlo pensado realmente. Se definen como “conservadores” o “agresivos” por intuición, por una mala experiencia pasada o por
Diversificar es una de las palabras más repetidas en inversión. Y, al mismo tiempo, una de las más mal entendidas. Mucha gente cree que diversifica porque tiene varios activos, varios ETFs o muchas posiciones distintas. En la práctica, muchos de esos portfolios se mueven casi igual cuando el mercado se pone incómodo. Cambian los nombres,
Cuando alguien empieza a invertir, una de las primeras dudas que aparece no es qué comprar, sino cómo hacerlo. ¿Conviene invertir todo de una vez o entrar de a poco? ¿Es mejor poner el dinero ya o repartirlo en el tiempo para “reducir el riesgo”? Estas dos formas de invertir tienen nombre: lump sum (invertir
Invertir suele presentarse como una búsqueda de rentabilidad. Mejores retornos, mejores activos, mejores oportunidades. Pero hay algo que casi siempre queda en segundo plano: el riesgo. Y no porque no exista, sino porque no siempre se ve. Muchas personas creen que invertir es riesgoso solo cuando el mercado cae fuerte. O cuando ven números en
Invertir no es solo una cuestión de números, gráficos o conocimiento financiero. De hecho, muchas malas decisiones no nacen por no saber, sino por cómo funciona nuestra cabeza cuando hay dinero, riesgo e incertidumbre. Dos personas con la misma información pueden tomar decisiones completamente distintas. Una compra tranquila. La otra entra tarde, vende mal o
Todo el mundo quiere ganar dinero invirtiendo. Pero muy pocos se detienen a entender el precio que eso implica. Ese precio se llama riesgo. El problema es que la mayoría confunde riesgo con volatilidad, volatilidad con perder dinero, y perder dinero con “invertir mal”. Y ahí empiezan las malas decisiones: entrar tarde, salir antes de